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domingo, 15 de agosto de 2010

Difama que algo queda

TODOS SOMOS VICTIMAS potenciales de sufrir el ataque y las consecuencias de un rumor, y cuanto más expuestos a la opinión pública estamos mayor es el riesgo de ser el blanco de los propagadores que se suelen esconder entre las sombras. Como diría un viejo amigo, todos tenemos una bala volando por ahí y lleva nuestro nombre.

EL RUMOR NO ES ALGO NUEVO, es tan antiguo como la envidia o la ambición, y ha servido como prueba en los tribunales de la inquisición; para señalar sin pudor a vecinos y vecinas; para desprestigiar a alguien que no “interesa”; para dejarte fuera de la lista de invitados de una celebración, etc...
DESDE EL BOCA-OREJA, pasando por la revista de papel cuche y llegando a la utilización de las nuevas tecnologías, el rumor se ha ido amoldando a los tiempos y circunstancias.

SU PROPAGACIÓN ES SENCILLA, requiere de un blanco y de un emisor, aunque necesita de unos colaboradores necesarios, los transmisores, personas que dan veracidad a una noticia o comentario, bien porque confían en la fuente, bien porque el mensaje lanzado está disfrazado de credibilidad o bien porque son crédulos o ingenuos y muy comodones.

PERO NO NOS ENGAÑEMOS, los rumores responden más a cómo es la persona o grupo que los lanza que a la víctima de sus sucios comentarios. Blancos que no se pueden defender, porque en la mayoría de los casos y situaciones el ideólogo, como creador e interesado en que se expanda la idea, ni tan siquiera coincide con el pistolero, brazo ejecutor que efectúa el disparo.

LOS RUMORES SON DAÑINOS, deberíamos acostumbrarnos a contrastar lo que nos llega, a dudar de la fuente e incluso de algún eslabón de la cadena, ser capaces de romperla no dándole ciega credibilidad y planteándonos si puede haber algún interés que la mueva..

Difama que algo queda.


Libro recomendado, “Rumorología” de Cass R. Sunstein
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